4 Refugios Non Stop

La carrera de montaña

escrito por Mariano Tabanera el 24-07-2018

Ya hace varios años que me enamoré de la Patagonia Argentina, con sus paisajes y lagos, sus bosques y montañas, teniendo la posibilidad de recorrer muchos de sus senderos, y refugios. Hace no tantos años que descubrí que podía correr por esos senderos, y verlos de una forma nueva y distinta, y experimentarlos de una manera que la gran mayoría de las personas no ha podido hacerlo.
Es por eso que, cuando me enteré de que existía una carrera que vinculaba 4 de los refugios más emblemáticos del área de Bariloche, en la provincia de Río Negro, me puse como objetivo hacerla algún día.
Ya en otros años, vacacionando con amigos, había recorrido gran parte de esos caminos, conociendo los cuatro refugios (López, en el cerro homónimo; Manfredo Segre, en la Laguna Negra; General San Martín, en la Laguna Jakob; y Emilio Frey, en el Cerro Catedral, a orillas de la Laguna Toncek), y maravillándome con el lugar. Era hora de llevarlo al próximo nivel.

La carrera tiene varias modalidades, las dos más simples encaran sólo uno o dos de los refugios, orientadas a quienes están recién iniciándose en la disciplina, o a quienes desean un desafío más corto y explosivo. Otra, la Clásica, recorre los cuatro refugios en dos días, recorriendo dos de los refugios cada uno, descansando en la ciudad a la noche. La cuarta opción, Tres Refugios, es la que eligen la mayoría de los corredores más experimentados, debido a su circuito largo y técnico, de cara a la última modalidad.
La última opción, 4 Refugios Non Stop, sin embargo, era la que más tentaba, implicaba conectar todo el circuito en un solo día, algo que la mayoría de los turistas más experimentados de la zona hacen en 3 o 4 jornadas. No había duda al respecto, esta era la única opción posible, había que ir por todo.

Empecé a planificar cuándo correría la carrera. Se trata de una distancia relativamente corta, aproximadamente 46km, pero como sabemos los que elegimos este deporte, no es la distancia, sino el desnivel lo que cuenta. En este caso se trataba de un desnivel acumulado superior a los 7.000m: unos 3.500m positivos y 3.800m negativos, por terrenos hostiles, extremadamente técnicos, que le dan a la carrera el mote de la carrera de montaña más dura de Argentina. Y eso es, una carrera íntegramente de montaña: gran parte de su circuito no tiene senderos, sino simplemente pircas, o marcas pintadas en la roca, que debes seguir mientras recorres filos, o subes y bajas por cauces de ríos o laderas de lajas sueltas.
A mediados del año 2017, un amigo me comentó que era su objetivo correrla en 2018, y sabiendo que era un objetivo mío, me invitó a acompañarlo. Pese a ya tener alguna experiencia de montaña en mi haber, no estaba seguro de estar en condiciones de afrontar semejante prueba, debido a su dificultad técnica, con el agregado de que la versión del 2018 tendría el circuito invertido, con lo cual el desnivel positivo sería de 3800m, por terrenos que sabía que serían extremadamente duros. Si es difícil bajarlo, será doblemente difícil subirlo.
Tras unas semanas de meditarlo, decidí ir para adelante y correrla.

El Club Andino Bariloche, organizador de la carrera se toma muy en serio el asunto de la seguridad, y no permite que cualquier aspirante se anote a las modalidades de 3 Refugios y 4 Refugios Non Stop, solicitando a cada competidor un currículum con competencias en las que ha participado, a fin de evaluar si tiene o no la experiencia y autosuficiencia necesarias para completar la prueba. Esta era mi última esperanza y escapatoria: Que el CAB me rechazara por novato.
Desafortunadamente no fue así, me aceptaron y no tuve más remedio que ir en busca de un nuevo sueño, tachar una más de la eterna lista de ambiciones que tiene el corredor de trail promedio.

La previa

Los meses anteriores a la carrera fueron de mucha ansiedad. El material obligatorio de la carrera era mucho, y temía por el peso. Sabía que el terreno sería duro y técnico, y que eso complicaría las cosas. Cuatro meses antes de la carrera participé en otro maratón de montaña, y el resultado que había tenido me daba la esperanza de que estaría muy bien y muy fuerte, y que podría cumplir con toda la carrera conforme a lo planeado.
Comienza el entrenamiento, muchas horas semanales, turno sobre turno de entrenamiento. Cuando vives en una ciudad como Buenos Aires, con una altitud media de 25 msnm, sumar desnivel se hace sumamente difícil, con lo que todo entrenamiento para carreras de montaña debe suplementarse con cientos de horas de gimnasio, a fin de ganar fuerza.
Así corrió todo el verano, hasta llegar a la carrera, loggeando kilómetros y kilómetros, turnos de gimnasio, cuidando la dieta, la alimentación y suplementación, y haciendo lo posible por estar a la altura del desafío.

La hora de la verdad

Llega la última semana de febrero de 2018, viajamos a San Carlos de Bariloche, a 1600km de Buenos Aires con cuatro compañeros de mi running team, Fabián, Hernán y Juan Cruz que correríamos la Non Stop, y Gaby, que correría en la modalidad Clásica.

4 Refugios Acreditación Ya acreditados, Hernán, Fabián, Gaby, yo y Juan Cruz.

Nos acreditamos, y preparamos todo el equipo para la carrera. Parece que el clima nos acompañará, sin nubes en el cielo, pero con buena temperatura, lo que permitió sacar algunos elementos de nuestras mochilas.

25 de febrero, a la 1.30am nos despertamos con mis compañeros y nos dirigimos al transfer que nos llevará a la largada, donde ya varios corredores se acumulan en un salón para repararse del frío de la madrugada.

4 Refugios todo listo para largar Todo listo para largar. De izquierda a derecha, yo, Hernán, Fabián y Juan Cruz

A la hora indicada nos dirigimos al arco, y tras el saludo ritual con el resto de los corredores, nos disponemos a arrancar una nueva aventura.
4.30am largamos, y rápidamente nos separamos los cuatro, comenzando el ascenso por el Cerro López hasta el primero de los refugios, acumulando unos 800m positivos en 5 o 6 km, pero conociendo ya la zona, no hubo problema, y se terminó antes de que lo notara, llegando unos 15 o 20 minutos antes de lo planificado.
A partir de allí, comenzó el ascenso al filo del Cerro López, extremadamente vertical, utilizando tres y hasta cuatro puntos de apoyo para subir (acá es donde uno se arrepiente de haber llevado bastones, que complicaron la maniobra). Aquí, con una noche cerrada a nuestro alrededor, el camino entre las rocas estaba marcado con señales luminiscentes.
Nuevamente, la trepada probó ser más rápida de lo que esperaba, y llegué allí aun de noche, perdiéndome el espectáculo del amanecer en la cima.

Foto del Cerro Tronador, cortesía de Hernán de Lahitte

Sin tiempo para pensar, comienzo el descenso por la espalda del López, y camino al siguiente cerro, el Bailey Willis. Aquí encontramos la primera dificultad: Oscuridad casi absoluta, y un recorrido sumamente técnico, de lajas y tierra suelta, que hizo bajar la velocidad y descender con suma cautela, perdiendo así la inercia que traía. Costaba ver a los corredores de la zona bajar con tanta facilidad frente a la dificultad que el terreno implicaba para mí.
Llegando al valle, volví a ganar velocidad, y tras algunas subidas y bajadas recuperé posiciones, y llegué en buen tiempo al filo del Bailey Willis, y bajando hacia la Laguna Negra, nuevamente por delante de lo planificado.
Aquí comenzamos a cruzarnos a los corredores de la modalidad de 3 Refugios, que encaraba directamente para Laguna Negra desde la salida, siguiendo el resto del circuito nuestro hasta la meta.-

4 refugios Manfredo Segre Saliendo del Refugio Manfredo Segre, Laguna Negra

Las horas más duras

A partir de acá empieza, a mi parecer, la carrera. Tras una bajada un tanto lenta debido a las sinuosidades a irregularidades del terreno, comienza la subida al Cerro Navidad.
Muchas veces antes había escuchado sobre él, me habían dicho que era la parte más difícil de la carrera, y que no podía (o no debía) ser circulado sin guías experimentados y habilitados. Asimismo, en la charla técnica nos previnieron que en ese sector no había cursos de agua, y que era muy importante que cargáramos en el último arroyo, antes de la nieve.-

Durante la subida tuve varias veces un pensamiento recurrente “¿Qué hago acá? ¿Quién me manda a hacer esto? ¿Por qué creí que estaba en condiciones de lograrlo?” Viendo la mejoría que había tenido el último año, pensé que podría hacerlo sin mayores sufrimientos, pero todo me estaba demostrando que estaba equivocado. En esos momentos de sufrimiento físico y mental extremo, en que sentís que tocás fondo, es cuando nos vemos a nosotros mismos con mayor sinceridad y claridad, y nos replanteamos dónde estamos, y dónde creemos estar.

Tras lo que pareció una eternidad y una trepada de 800 metros positivos, atravesando parches de hielo que no se habían descongelado después del verano (aquí los bastones vinieron de maravilla para mayor equilibrio y seguridad), mallines, lajas y arroyos, llegamos al filo del Navidad. Y todo tuvo sentido…
De golpe, te encuentras en el lugar de tus sueños, en la cumbre de la montaña más alta del lugar, con el Cerro Tronador a tu derecha, y el volcán Lanín más allá, hacia el norte, con el sol que salió hace un par de horas aún pintándolo todo de color rosa y naranja, y ya nada importa, llegaste hasta acá, todo lo demás es lujo.

Recuerdo llegar allí y envidiar profundamente a uno de los organizadores de la carrera que había ido la noche anterior a balizar el circuito, y había podido ver el espectáculo del amanecer en ese lugar, que te empequeñece, que te hace notar que vivimos en un lugar espectacular, y que somos capaces de todo.

A partir de allí comenzó un cresteo del cerro, por lajas y grandes piedras, sin caminos marcados y con una simple indicación “Estás acá, tenés que llegar allá”, eligiendo tu propia aventura por entre las rocas que se desprendían 500 o 600 metros hacia abajo si las pisabas demasiado.
Aquí nuevamente la maestría de los locales se hizo notar, dejándonos a los demás muy atrás. Pero ya nada de éso importaba.

A esta altura ya llevaba 5.30hs de carrera, y apenas había avanzado algo más de 25km, racionando el agua que había cargado en un arroyo unos kilómetros más abajo. Me sentía exhausto, quizás un poco deshidratado, debido a la falta de minerales en el agua de deshielo que no llegué a paliar con el isotónico que llevaba en mi otra caramañola. Resultaba difícil seguir las marcas en el circuito, debiendo retomar más de una vez para volver sobre la senda más conveniente y segura.
Tras unos cuantos kilómetros subiendo y bajando las crestas y filos, encaramos la bajada hacia el tercero de los refugios, a orillas de la laguna Jakob, a esta altura me costaba seguir indicaciones de los organizadores.

Volver a nacer

Una vez en el tercer Refugio, me abastecí de líquidos, preparé aminoácidos para el resto de la carrera, y me alimenté debidamente con suficiente sal para encarar las dos últimas trepadas, antes de finalizar la carrera.
Aquí nos encontramos con los corredores de la modalidad Clásica, que si bien traían consigo la fatiga de ser el segundo día de carrera consecutivo, habían arrancado tan sólo un par de horas antes, contra las casi 7 horas de carrera que llevábamos en la Non Stop. Sin embargo, la perspectiva de que ya más de la mitad de la carrera estaba detrás, nada podía bajarme el ánimo. Además, desde aquí hasta la llegada, si bien extremadamente técnico, era todo terreno conocido, y eso le daba otro aire a la experiencia.

Unos cientos de metros de bosque y comienza el ascenso al Brecha Negra, subiendo unos 300 metros en el primer kilómetro: De más está decir que es una subida “picante”. Afortunadamente me sentía renovado tras haberme detenido unos minutos en el último puesto de control, y la encaré con mi mejor sonrisa, disfrutando del paisaje que nos ofrecía la carrera.

4 Refugios Brecha Negra Ascenso al Brecha Negra desde Laguna Jakob

Tras el duro ascenso hasta la cumbre, el cual compartí con corredores de todas las distancias, comenzó la bajada hacia el valle del Arroyo Rucaco, uno de esos lugares de ensueños que nos recuerdan a películas de fantasía. Por primera vez en kilómetros pude soltar las piernas y correr, correr y correr. Sentía que hacía años que no lo hacía, y podía volar.
Así crucé todo el valle, parando a cargar agua en un arroyo en el que aproveché a conversar con otros corredores, quienes no dudaron de tildarme de loco o psicópata. Creo que todos los corredores lo estamos un poco, y no hay nada mejor que compartirlo.

Tras cruzar el valle, comienza el último ascenso, trepando por la espalda del Cerro Catedral, uno de los más emblemáticos de la zona. Desde la base hasta el filo tuvimos un ascenso de aproximadamente 500 metros verticales en poco menos de dos kilómetros. Pero eso no sería lo peor, tras unos primeros metros por el cauce de un río seco con grandes piedras, llegamos a un sector sumamente inestable con pequeños cantos rodados y arenilla, que cedían bajo la pisada, obligándote a retroceder con cada paso. Nuevamente agradecí haber llevado bastones.
Ya con el último pico en la mira, encaré la subida con la mejor buena voluntad, arengando de a momentos a otros corredores, asesorándonos mutuamente sobre la mejor línea para subir por este pedrero.

4 Refugios Valle Rucaco Ascenso desde el valle del Rucaco

Desafortunadamente, hacia la mitad de la trepada, empecé a sentir un molestia en mi pierna izquierda, reconociéndola como el germen de un calambre. Ahí mismo me detuve, me senté en una piedra y masajee la zona, mientras comía unos snacks que había llevado, para reponer sales y carbohidratos. Unos minutos más tarde me sentía en condiciones y volví a subir, completando el ascenso maravillado por la vista que nos regalaba.

4 Refugios Cerro Catedral Llegando a la cresta del Cerro Catedral, con el valle del Rucaco abajo y el Brecha Negra al fondo

Una vez en el filo, comenzamos el descenso, sumamente técnico, hacia la laguna Schmoll, y luego a la laguna Toncek, donde encontraríamos el cuarto y último refugio, Emilio Frey. Desde éste quedaban tan solo 10 kilómetros hasta la meta.
En esta bajada recuerdo escuchar a un grupo de la modalidad Clásica, al que se le estaba dificultando mucho el tramo, que decía “Pensar que Kilian esto lo baja corriendo”. Siempre que la gente hable de Kilian Jornet, sabes que estás entre amigos.
Pasé a este grupo, y me dirigí con toda la velocidad que pude hacia el último refugio.

Siempre es más fácil de a dos

Ya en el Refugio Frey me detuve a comer un poco de fruta y a reponer líquidos, y cuando me dispuse a salir nuevamente, vi a mi compañero Hernán, que estaba llegando al puesto. No pude más que alegrarme, ya que tendría alguien con quien compartir los últimos kilómetros de la carrera.

Hernán es un corredor mucho más experimentado que yo, finisher de carreras como Transvulcania, Hamperokken, Bear 100, y más recientemente la Western States Endurance Run, con lo cual siempre supe que tras separarnos en la largada, donde yo pude correr más rápido, él me alcanzaría y podríamos terminar bastante parejos.

A poco de salir del refugio, al llegar a un refugio intermedio y ya abandonado llamado Piedritas, donde un banderillero nos indicaba el camino, y al preguntarle si ya faltaba poco nos contestó con un rotundo “NO”. Actitud muy diferente a la de la mayoría de las carreras, en las que siempre faltan unos pocos minutos para llegar, aunque todos sepamos que es mentira. Esa respuesta generó alguna que otra risa entre nosotros.

Así fue como encaramos el último tramo de la carrera, el cual circula por senderos de montaña y bosque, saliendo periódicamente a una impresionante vista del Lago Gutiérrez, sobre la ladera del Cerro Catedral. Esa hora y media aproximadamente, transcurrió entre charlas, anécdotas de lo que acabábamos de vivir y una misma conclusión: Ninguno de los dos esperaba que fuera tan dura.

En un momento cruzamos gente que venía caminando en contra, quienes nos decían que ya estábamos cerca que quedaba un último tirón. No había más que decir, empezamos a correr con toda la fuerza que nos quedaba en nuestras piernas y nuestros corazones, hasta salir del sendero a una gran explanada de césped, al final de la cual pudimos divisar el gran arco de llegada, y la realización de un nuevo sueño.

4 Refugios Llegada La tan ansiada llegada

Tras llegar y reencontrarnos con nuestros compañeros, compartimos anécdotas de la carrera, convencidos de que había sido una aventura inolvidable, que difícilmente repetiríamos.

Es evidente que aún queda mucho trabajo, mucho para afinar, mucho para mejorar, pero esta será una carrera que quedará para siempre en mi mente, por sus circuitos técnicos, por sus paisajes incomparables, y por haberme demostrado que con constancia y dedicación, todos nuestros objetivos son realizables.

4 Refugios llegada y alegria La alegría y el agotamiento en la llegada

Mención especial merece el hecho de que Hernán y Fabián fueron los únicos corredores oriundos de Buenos Aires de su categoría (+50) que finalizaron la carrera, un reconocimiento nada despreciable. Todos los demás viven en ciudades ubicadas en la montaña, o muy cerca de ellas.

Asimismo, extiendo mis felicitaciones a los organizadores de la carrera, quienes con gran dedicación marcaron un circuito extremadamente difícil, con voluntarios y banderilleros cada pocos cientos de metros, muchos de ellos en lugares ciertamente inhóspitos. A todos ellos, muchas gracias.

Asimismo, extiendo mis felicitaciones a los organizadores de la carrera, quienes con gran dedicación marcaron un circuito extremadamente difícil, con voluntarios y banderilleros cada pocos cientos de metros, muchos de ellos en lugares ciertamente inhóspitos. A todos ellos, muchas gracias.

Video oficial de la carrera



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