Western States

Aún lejos del límite

escrito por Diran Sirinian el 22-08-2017

El comienzo: Ultra Caballo Blanco

Una inesperada y azarosa secuencia de eventos sucedidos a lo largo de dos años, quiso que el 24 de junio pasado fuera yo uno de los 369 corredores que corrieron la Western States Endurance Run en California.

Esta historia comenzó en marzo de 2015, cuando viajé a las Barrancas de Cobre (Chihuahua, Mexico) a correr, por cuarto año consecutivo, el Ultramaraton Caballo Blanco, en un circuito de 80 kilómetros serranos, al cual se tarda más de un día de viaje para llegar desde Ciudad de México. Esa carrera ganó fama mundial a partir de 2009 con la publicación del libro “Born to Run: A Hidden Tribe, Superathletes, and the Greatest Race the World Has Never Seen”, posteriormente traducido al español. Fue gracias a ese libro fundamental que en 2012, con 44 años, empecé a correr ultradistancia.

Pero en 2015 todo voló por el aire en Chihuahua cuando debido a una serie de balaceras narco en la zona de la carrera, los organizadores decidieron, doce horas antes de la largada, y con la acreditación completada, cancelar el evento e invitar a los corredores extranjeros a retirarse de la zona al día siguiente.

Regreso, nuevos objetivos y sorteo

Regresé a Buenos Aires sin mi carrera del primer cuatrimestre. Decidí entonces viajar el mes siguiente a San Martín de los Andes a redimirme en los 100 kilómetros de Patagonia Run. Al finalizarla me enteré que era clasificatoria para la lotería de Western States, pero mi registro no alcanzaba, por 15 minutos.

Estudié el calendario de carreras antes del sorteo de comienzo de diciembre y decidí correr las 100 millas de Javelina Jundred a fin de octubre en el Desierto de Sonora en Arizona. Seis meses de preparación y debut en esa distancia con un decoroso registro de 24:41.

Luego la espera para el sorteo, del cual participaron más de 3.500 postulantes para 270 cupos sorteables. La diferencia entre éstos y el total de corredores se asigna directamente mediante varios criterios; por ejemplo, los primeros diez corredores y corredoras entran directo, además de una serie de 6 carrerras con “golden tickets” a los primeros 2 masculinos y femeninos. Quiso la suerte, mi suerte de principiante, que con una probabilidad menor al 2.5 % saliera sorteado. Para más información sobre el interesante proceso de ingreso a la carrera ver: "Lottery".

Entrenamiento

Seis meses tenía por delante para completar el entrenamiento, verano luego otoño. Para Javelina había usado un plan de 20 semanas preparado por mi profesor Marcelo Perotti. El mismo arrancaba a partir de una base de no menos de 80 kilómetros semanales, dividida en el entrenamiento grupal del team (dos sesiones de pasadas, una de cuestas y el fondo dominical) y complementado con por lo menos dos salidas más y, en algún momento refuerzo de gimnasio por lo menos dos veces por semana.

La carga kilométrica va creciendo y faltando un mes para la carrera alcanza más de 160, supuestamente con un día de descanso, que para mi suele ser los lunes. El fondo más largo que me toca en mi programa de entrenamiento es de 4 horas y media, unos 50 kilómetros de corrida matinal de domingo que pueden tornarse aburridas porque Buenos Aires nos queda pequeña si no elegimos bien el trazado o si no estamos dispuestos a repetir partes del mismo. La idea es limitar cruces de calles, y preferentemente correr lo más cerca posible a espacios verdes. Además, con excepción de la Reserva Ecológica, cuyo circuito más largo apenas alcanza los 11 kilómetros, en Buenos Aires solo podemos correr en superficie dura.

Por otro lado, otro gran desafío para los que entrenamos en Buenos Aires con intención de correr trail de montaña es la llanura casi total de nuestra área metropolitana. El lugar más cercano con algo de altimetría para entrenar son las Sierras de Tandil, en la provincia de Buenos Aires, a donde nos puede llevar seis horas de viaje llegar un viernes a la tarde. Nos queda pues el ingenio (escaleras y gimnasio) y los trabajos cortos de potencia en cuestas cortas y poco elevadas que brinda la breve inclinación barrancosa que caracteriza la zona cercana a la costa del Río de la Plata.

Mala (y buena) fortuna

Pasó el verano caluroso y húmedo, pasó el otoño también y llegó el día de viajar a California. Me acompañaba como crew y pacer mi amiga Angie, una entusiasta triatleta que recientemente había superado un cáncer linfático. Nuestro vuelo nos llevaba vía Lima, donde, sorpresivamente nos encontramos con que la línea aérea no permitió que siguiera con mi conexión por un problema con mi visa a Estados Unidos. Sin posibilidades de argumentar con el personal de la compañía, decisión del servicio de inmigración de Estados Unidos. Nos miramos con Angie y yo no sabía qué decir, no podía enojarme ni llorar ni salir del asombro que me envolvió ese desagradable momento en el aeropuerto. No hubo caso. Regreso a casa, DNS en Western.

Después de unos días ya en Buenos Aires, fui procesando la paliza, asimilando la pesadumbre de la no-carrera, recuperando mi compostura y pensando nuevamente en Western 2017. ¿Qué hacer? Me senté a serenamente escribir una minuciosa carta al director de la carrera explicando las circunstancias atenuantes que me impidieron llegar a la largada y solicitando el diferimiento de mi admisión a la carrera, con el compromiso de volver a correr una clasificatoria. Afortunadamente mi solicitud fue admitida

Segunda Javelina Jundred

Así fue que regresé a Phoenix a repetir Javelina, mi recorrido de 160 kilómetros del Pemberton Trail en el McDowell Mountain Regional Park. Cuatro meses de puesta a punto para mi próximo desafío. Y me recibió en Arizona con una ola de calor que desde el desembarco del avión ya me puso en alerta. El día de la carrera, entre las 11 de la mañana y las 5 de la tarde la temperatura rondó entre los 32 y 36C, sin nada de sombra claro; puro cactus y arbustos en el desierto.

Perfil de elevación Javelina Jundred Perfil de elevación.

La carrera se compone de 5 vueltas de aproximadamente 30 kilómetros cada una, las cuales se van corriendo en un sentido y luego en el opuesto al llegar a la largada / llegada. Afortunadamente mis recaudos adicionales funcionaron. Corrí más rápido la primera parte de la carrera porque sabía que el sol y calor intenso sin duda enlentecerían el ritmo. Cómo estábamos en vísperas de Halloween, muchos corredores se lanzaron al circuito con disfraces muy simpáticos pero tremendamente agobiantes pero, por lo visto, las ganas de ganar el premio al mejor disfraz superaba una lectura realista de los riesgos de deshidratación y pérdida de electrolitos. Llegué a ver un participante corriendo vestido de pies a cabeza de Tortuga Ninja. A pesar de la adversidad climática pude completar la prueba 4 minutos más rápido que el año anterior y, más importante, asegurarme el ingreso a Western.

Nuevos Crews

Con gran expectativa transcurrieron los meses siguientes. Además de mi entrenamiento fue armando un equipo de 3 compañeros de equipo que viajarían en calidad de crew y pacers, una institución en casi todas las carreras de ultradistancia de 100 o más kilómetros en Estados Unidos. Ellos,serían mis ángeles guardianes antes, durante y después de la carrera. Con ellos pude compartir muchos kilómetros de entrenamiento y preparación en general con miras al regreso a Western. Fabian, Cecilia y Hernan, tres meritorios, apasionados y sensibles corredores de ultra con quienes, me fui dando cuenta en los meses previos a la carrera, además comparto una visión común de este deporte, en particular lo que tiene con ver con la posibilidad de poder competir en entornos naturales de enorme belleza, generalmente en zonas serranas o de montaña.

No haré un relato pormenorizado sobre la historia de la legendaria Western porque su reputación la precede; es la madre del ultratrail en Estados Unidos. Nació en 1974 a partir de la carrera de caballos Tevis Race (100 millas en un día) y el desafío que se planteó un visionario llamado “Gordy” Ainsleigh y que podría resumirse como “si puede hacerlo un caballo, posiblemente también pueda un hombre”. Oficialmente Western States Endurance Run nació en 1977 con la participación de 14 corredores y se corrió en simultáneo con la Tevis. Es una carrera punto a punto, desde Squaw, sede de las olimpíadas de invierno de 1960, hasta Auburn, California. Son 5.500 metros de desnivel positivo y 7.000 negativo. Aquel límite de 24 horas se amplió a 30 en años venideros y es el que rige al día de hoy, con sus correspondientes cortes parciales.

LakeTahoeMagicHour

Mi equipo y yo nos instalamos en Tahoe City, a orillas del lago homónimo, y a 10 kilómetros de la largada, unos días antes de la carrera. Estábamos a 1.900 msnm, en el límite entre California y Nevada. Para los amantes de cine y en particular de la obra de Francis Ford Coppola, resonaba en la memoria las escenas de El Padrino II filmadas por donde andábamos. También en la zona, para los más memoriosos, se filmó Bonanza, aquella famosa serie western de los años 60/70s. El lago es conocido por la claridad de sus aguas y por el impactante paisaje de las montañas que lo rodean. La llamada “hora mágica” a orillas del Lake Tahoe resultó ser un espectáculo impresionante por su belleza pictórica. Los efectos de la luz en el paisaje lacustre después de que el sol se acostaba detrás de esas montañas son difíciles de describir; es la temperatura de la luz que produce tonalidades entre rosadas, fucsias y azules.

Momentos previos

La carrera se corrió sábado 24 y domingo 25 de junio. Jueves concurrimos a la villa olímpica de Squaw a escuchar la presentación "Crewing at Western States". Sentados los cuatros en ese auditorio tratando de asimilar las sutilezas de la carrera y entender el alcance de la institución del crew (y de los pacers) en carreras de 100 o más kilómetros; se trata de una característica muy particularmente norteamericana que comenzaba a palpitarse en los días previos y que el fin de semanas veríamos en su pleno apogeo. La adrenalina de las horas previas se hacía sentir. Caminábamos por la villa entre hipnotizados e incrédulos de estar allí, en la cuna del ultratrail norteamericano. Confieso que contar con la presencia de mis laderos me transmitía una enorme energía y confianza, sin la cual no podría llegar sólido y absolutamente convencido a la largada la madrugada del sábado.

Se empezaba a escuchar el comentario entre los corredores y las redes sociales que el calor inesperado, a pesar de que estuviéramos a comienzos de verano, sería una variable definitoria en las performances de todo los corredores, la élite y el resto de los mortales, ah, y para los extraterrestres como Jim Walmsley también. En poco tiempo Jim se convirtió en personaje de culto y fascinación del ultratrail en Estados Unidos. Su giro en falso el 2016 faltándole 10 kilómetros para el final de la carrera aportaron su cuota al la construcción del personaje y, claro, otro tanto viene de su personalidad y actitud, entre descarado, atrevido, altanero, pero simultáneamente encantador y adorable. Así por lo menos lo veo yo. Y resulta que El Gran Jim se despachó magistralmente en su entrevista precarrera en IRun, cerveza en mano, pies dentro del Lake Tahoe, contándole a Byron que no alcanzaba con ganar la carrera a sino que él apuntaba a un sub 14 horas. El récord es de Timothy Olson, del año 2012, con 14:46. No importaba el calor ya que él sabe cómo internalizarlo, comentaba en la entrevista. Tuve el gusto de cruzarme en Jim y saludarlo en la presentación de las remeras de Coconino Cowboys en una tienda de deportes en Tahoe City. “Mantén tu cuerpo mojado todo lo que puedas, usa mucho hielo en tu cuello, cabeza y brazos, así bajas las temperatura corporal”, me aconsejó cariñosamente.

El día siguiente, viernes, teníamos acreditación, el Altra 6k vertical challenge que correrían mis compañeros y luego la charla técnica. La felicidad y el entusiasmo de los compañeros por su carrera me contagiaba en las horas previas de mi desafío. Y llegamos a la charla técnica; centenas de corredores, crew, pacers, amigos, familiares, periodistas. Calor y aglomeración notable marcaban el clima previo, marcadamente informal y amigable.

Luego vino el sorteo de la rifa de 5 lugares para Western 2018. Sin pensarlo demasiado me pareció una idea tentadora adquirir una cantidad de boletos de rifa. La apuesta rindió y resulté adjudicado el cuarto lugar sorteado; solo me quedaría meter una clasificatoria. Bueno, llegó el día de la carrera. Madrugón a las tres, últimos preparativos, desayuno y marchamos nuevamente a Squaw. Ganas locas de empezar a correr. Me sentía muy bien, descansado y convencido que el trabajo realizado para llegar hasta ahí era firme y consistente . Actitud y cabeza en sintonía con preparación física. Armonía y serenidad era mi sentimiento en ese momento.

La carrera

Y a las cinco en punto sonó el tradicional tiro de fusil que marcó el inicio de la carrera. Hacia arriba inmediatamente, como dijo el anfitrión de la charla técnica “correrán 50 metros e iniciarán la trepada”. Así fue, ya que marchamos sobre laderas de las múltiples pistas de eski; 800 metros de ascenso en los primeros 6 kilómetros de carrera, hasta llegar a Emigrant Pass, uno de los picos del circuito Squaw Valley. Poco antes de llegar a la cima amanecía a nuestras espaldas y la vista era asombrosa. Los restos de nieve del invierno eran bastante conspicuas, hacían el avance más lento, la tracción más dificultosa y claro el esfuerzo físico más desgastante.

Alcanzada esa cima, se nos abrió un panorama de un bellísimo valle por donde finalmente se podría empezar a correr, adiós nieve, a transitar los trails. Pues esa sensación tuvo corta vida, menos de un par de kilómetros. Enseguida nos fuimos encontrando con enormes parches de nieve en todas sus formas de presentación y estados de conservación, además de profundos lodazales, imposibles de eludir. Esto fue la constante de los siguientes 35 kilómetros, con el consecuente enlentecimiento de mi avance.

Mi plan de alimentación era simple; comer cada 30 minutos, alternando geles con comida sólida. Como en mis anteriores carreras, seguía la recomendación de la nutricionista y cada 3 horas tomaba mosarpide, para combatir los casi seguros malestares estomacales y dificultades de comer normalmente. En las horas sucesivas, muy a mi pesar, los planes de carrera se fueron desarmando, diluyendo. Los intervalos de alimentación se fueron espaciando; a las 4 o 5 horas de carrera, el banal y cotidiano ejercicio de masticar, un sándwich o un puñado de frutos secos, se fue tornando dificultoso, interminable y cansador. No terminaba de entender qué es lo que me sucedía y porqué tan temprano, en el primer tercio de carrera. No había mucho que podía hacer. Me invadió una mezcla de pánico y bronca ingresar en el puesto de asistencia del kilómetro 40, en el comienzo de la rigurosa zona de cañones, y repentinamente, ya algo castigado por el calor creciente, verme rodeado de 6 o 7 voluntarios que me avisaban que tenía 2 minutos para el corte, me traían comida, echaban agua fría sobre mi cuerpo y rellenaban mis caramañolas con agua e isotónica. Debía marcharme del puesto antes de que sonara la campana decretando el corte. No sé si llegue a recorrer 100 metros y escuché la campana.

Western States Perfil Perfil de elevación

Aunque sabía que no venía para nada cómodo, esto fue una bofetada. Además, no revertía mi paladar virtualmente clausurado. En ese último puesto me dieron un generoso sándwich de manteca de maní. Aún recuerdo el esfuerzo por masticarlo. La situación y mi perspectiva me aturdían. La belleza del entorno, elemento de inspiración cuando corremos trail, no me llegaba. En el siguiente puesto, Robinson Flat, casi kilómetro 50, me esperaba mi equipo. Habíamos hecho proyecciones del tiempo aproximado que me llevaría llegar. Por unos kilómetros esbocé la fantasía de un vuelco de mi estado, un tocar fondo y resurgir. Pero no pudo ser, no había forma y además la cabeza no acompañaba. Entrando en Robinson me esperaba uno de los voluntarios quien, con genuino gesto adusto, se me acercó a recibirme y dijo: “lo siento”. Extendí mi mano derecha para que corte mi brazalete de carrera. Y ahí nomás, entre preocupados, sorprendidos y contentos de verme, aparecieron Hernan, Cecilia y Fabian. Cabeza baja, tratando de recuperar mi lucidez y empezar a analizar el “¿qué pasó?”, los chicos me acompañaron hasta un vacío en el bosque donde instalaron unas sillas y desplegaron comida como para un batallón. Me llevó una media hora, para muy lentamente empezar a recuperar mi apetito y mi compostura. Ahí estuvimos conversando, analizando y comiendo como una hora más, hasta que tuve algo más de fuerza para subirme en el auto y emprender la vuelta al hotel.

Western States Ultra Trail Running

Reflexión

Conozco las reglas de juego de este apasionante deporte y hay días que la estantería se nos viene abajo. Supe luego que esta edición fue, tomando los tiempos medios, la cuarta más difícil en 40 años. Aunque creo que mi entrenamiento para Western fue criterioso, y no incurrí en errores básicos, siempre hay margen para hacer las cosas mejor, especialmente con las enseñanzas que me dejó este amargo DNF. El camino recorrido desde aquel Patagonia Run 2015 ha sido enormemente gratificante y sigue su curso. Cierro este comentario a poco más de dos meses de Javelina 2017, mi llave para retornar a Western 2018.



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